miércoles, 12 de octubre de 2011

DEBERÍAN ESTAR ENTRE LIBROS Y CUADERNOS

Por: Marino Lavado Valdivia

Hace pocos años, cuando estaba terminado mis estudios superiores, tuve la suerte de hacer mis prácticas finales en el caserío de Ganzul, distrito de Sartimbamba. Lugar no tan desconocido, porque mi lugar de nacimiento está de ahí a media hora aproximadamente.
Un día, cuando nos propusimos: alumnos y demás colegas, arreglar el jardín, sacar las viejas plantas y sembrar nuevas. Un alumno de nombre, Juan Tacanga, quien cursaba el cuarto grado de primaria y no sabía leer ni escribir, se acercó con su barreta en mano y me dijo_ eso si luago profe, hasta arar puedo. Agarró la barreta y empezó a dar vuelta la tierra con mucha facilidad; mientras, el resto de alumnos y yo, nos convertimos en sus ayudantes, sacando la maleza del jardín  que él sacaba. Hoy, en que ya han pasado varios años y no sé nada de mis alumnos de aquel lugar, me hago la siguientes preguntas, ¿Juan Tacanga, habrá termiando de estudiar?  O  ¿seguirá barreteando y arando? Lo más seguro es lo segundo, y quizá así se quede toda la vida. En el peor de los casos, algún minero informal logre convencerlo para ir a trabajar a las minas y con esto matarse a pocos.
En el Perú trabajan tres millones de niños, niñas y adolescentes. Casi la mitad del total de peruanos y peruanas entre cinco y diecisiete años. En nuestro país se vuelto casi una costumbre hacer trabajar a los niños. En la costa, es común ver a niños con sus carretillas en los mercados, adolescentes de amas de casa; exponiendo al riesgo de ser violadas por sus patrones o los hijos de ellos, a quedar embarazadas y como resultado madres abandonadas. Niños de lustradores o vendedores de  caramelos, con todo el riesgo que implica vivir en la calle. En las zonas rurales se les quita el derecho a ser niños; a jugar, a estudiar libremente, todo porque  trabajan desde la infancia. Lo peor es que la mayoría, trabajan más de ocho horas y por sueldos miserables y en otros nadie les da nada, ni una triste moneda.
Pero hay quienes, sacan provecho muy bien de esta realidad, haciéndose ricos con el trabajo infantil. Población que no goza de ningún beneficio ni seguro social. Y que son vulnerables a ser tratados como los adultos lo dispongan.
Lo más grave  todo es que con estas acciones estamos mutilando nuestro futuro como país, tendremos personas que solamente sirvan como mano de obra barata. Y seguiremos siendo un una nación que viva únicamente de su materia prima. Calificativo que ostentosamente llevamos, pero que pocos se han puesto a pensar que eso dura poco.
La educación peruana seguirá siendo una de las más deplorables del mundo. De acuerdo a PISA, seguimos en los últimos lugares. Pero las razones también están en el tipo de alumnos, con características que antes he mencionado.
A Juan Tacanga y a la niña que me trae ese recuerdo (de la foto), me gustaría tenerlo entre libros y cuadernos; saltando, corriendo, con uniforme de colegial  y más alegría me daría, verlos leyendo.

1 comentario:

  1. la verdad que esta hermoso el texto primo
    sigue adelante todos sabemos de tu destresa en la literatura y no solo en eso sino en todo la verdad quer esta hermozo.

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